POBRE MINISTRO SIN MINISTERIO

No es sorpresa que, de acuerdo a las últimas encuestas, el mejor evaluado del gabinete actual siga siendo el Ministro Luciano Cruz-Coke. Lo que sí puede sorprendernos es saber que este galán de teleseries con rango de Ministro, en realidad preside un Consejo de Cultura y no un Ministerio propiamente tal. Es por esto que, nuevamente se ha abierto el debate sobre la necesidad de crear un Ministerio o mantener la figura institucional establecida por el ex Presidente Ricardo Lagos.

Esta idea de posicionar a la cultura bajo el alero de un Ministerio no es nueva. Ya en los años 50`, el pintor Camilo Mori la había propuesto. Sin embargo, la institucionalidad cultural no se consolidó hasta cuarenta años más tarde con la apertura del Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes (CNCA). ¿Pero qué implicancias tiene este Consejo? ¿Cuáles son los argumentos a favor y en contra de crear un Ministerio de la Cultura?

Quienes apoyan la moción de crear un Ministerio apelan principalmente a argumentos de índole administrativa. Actualmente, el CNCA no establece una unidad operativa para la cultura, ya que si bien concentra programas y fondos, por ejemplo, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM) aún depende del Ministerio de Educación. Esto, según el Ministro Cruz-Coke, genera una duplicidad en términos administrativos, pero también perjudica aspectos legales y factores económicos, ya que en la práctica el Ministro de Cultura depende del Ministro de Educación en su asignación de recursos y materias de decreto.

Sin embargo, las opiniones en contra se han alzado por parte de importantes rostros de la cultura como el abogado Agustín Squella quién asegura que las razones para crear el Consejo actual, responden a la generación de un modelo consultivo más que resolutivo; uno que sea representativo de la sociedad civil – mediante órganos colegiados – y que mantiene una independencia política y lo protege de intenciones de dirigismo cultural.

En conclusión, el debate ha girado sobre dos perspectivas que no dialogan al estar establecidas sobre premisas diferentes. Es importante saber que la deuda histórica con la cultura no sólo será subsanada con la creación de un Ministerio, sino también con la inserción de ésta en la palestra social y la asignación de recursos que así lo permitan. Por último, si lo que los últimos movimientos sociales han demandado es una mayor participación ciudadana, ¿por qué convertir el Consejo en una entidad políticamente centralizada? Yo propongo, que le demos una vuelta más.

Fuente: El Dínamo http://www.eldinamo.cl/blog/pobre-ministro-sin-ministerio/

 

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