RESPONDAMOS QUE NO; NO ES SUFICIENTE LA GRATUIDAD.

12859616113_6aaeadc9cd_k.jpg

Esta discusión se ha reiterado en numerosas ocasiones pero por sobre todo cuando se habla de generar políticas públicas en cultura alrededor del concepto de la gratuidad como eje democratizador y catalizador de demanda. Es precisamente la edición del sábado pasado del diario El Mercurio la que nuevamente releva esta interrogante, esta vez en el plano de las artes visuales con una nota que analiza y comenta una baja de asistencia en el Museo Nacional de Bellas Artes. Se abre el titular con la inquietante pregunta: “¿No es suficiente la gratuidad?”

La referencia se enmarca en una de las políticas en cultura  del año recién pasado, cuando se anuncia en Chile la gratuidad en 26 museos a lo largo del país. Esto establece la preexistencia de un supuesto implícito, visualizando el valor de una entrada como barrera de acceso en el campo de la formación y fidelización de audiencias. Podríamos decir que se fortalece el esquema de un modelo subsidiario, posicionando a las artes en el plano de los derechos sociales, con la idea de que el valor simbólico precede y enaltece la valorización monetarizada de los bienes y experiencias culturales. Esa es sin duda una visión de los hechos y para muchos un axioma en el mundo de la gestión. Pero si bien sería erróneo negar esta idea como un mecanismo posible de fomento a las artes, también estaríamos equivocados en asumir que es el único viable. Inclusive podríamos ser más audaces y – por qué no –  cuestionar también el camino hacia la implementación de esta política en el último año. ¿Cómo medir la efectividad y el retorno de la implementación de la gratuidad en los museos? ¿Qué indicadores, además de los números de visitantes, han sido pensados como KPI (Key Performance Indicators) en el ámbito de las políticas públicas al rededor de la gratuidad?

Las estrategias de pricing no operan como incidentes aislados en la gestión de espacios culturales y pensar en cambios sectorizados no apoya un plan de gestión congruente, con misión y visión de largo aliento. Es importante considerar que las acciones de precios, vinculadas a las políticas de ingreso, siempre requieren de componentes interdependientes en su planificación ya sean estos estructurales, operativos, comunicacionales e incluso curatoriales.

En el mundo de los museos la idea de la gratuidad como estrategia para el fomento de públicos ha sido ampliamente discutida y teorizada el los últimos 10 años; concluyendo que no tiene mayores efectos en el factor de decisión de los asistentes. Los economistas W. Luksetich y M. Partridge sugieren en su estudio “Demand Functions for Museums Services” (1997) que el factor de la gratuidad no es tan importante como – por ejemplo – la oferta curatorial en su diferenciación y calidad. Así mismo Volker Kirchberg  en “Entrance Fees as a Subjective Barrier to Visiting Museums”(1998)  detalla que la mayor dificultad en el campo de la asistencia es el tiempo disponible para el disfrute y goce de actividades culturales, poniendo en segundo lugar la falta de recursos y en tercero la falta de interés. El mismo Consejo de la Cultura y las Artes en Chile, condujo hace pocos años un estudio cualitativo sobre consumo cultural llegando a las mismas conclusiones. ¿Y entonces, cómo operamos?

Podemos concluir que en lo relativo a los públicos, son las conductas y el estilo de vida del segmento convocado las que tienden a estar asociadas a la toma de decisiones de participación y asistencia. También es hora de que la prensa, la institucionalidad cultural y  los museos dejen de percibir el concepto de “asistencia” como el único indicador de participación y ampliar la gestión de los espacios y su relación con los públicos al concepto de “vínculos” con la institución. Los públicos existen y preexisten, no sólo al momento de cruzar la puerta, sino también al relacionarse con los contenidos, la investigación, y la oferta que los espacios puedan irradiar más allá de las barreras físicas del museo.

Ahora bien, el artículo que sí me parece acertado y agudo en torno a estos temas es el de Colleen Dilenschneider quien en su blog cuestiona “cómo la gratuidad realmente afecta a los museos”. Algunos puntos destacados de la autora son, por ejemplo, los siguientes:

  1. La gratuidad no asegura la asistencia a largo plazo: si bien es posible que en los primeros años de adoptada esta medida los públicos se disparen en sus cifras, siempre hay que considerar el efecto de la “novedad” como uno que tiende a afectar nuestros indicadores. Por otro lado, se toma en cuenta en factor “interés” como uno crítico en el análisis. Si alguien no está interesado en asistir, este factor no se verá alterado con el cambio en las políticas de admisión.
  2. La gratuidad en la entrada acelera el fenómeno de la fidelización (o visitantes reiterados) pero no necesariamente la configuración de nuevos públicos. No existen estudios relevantes que den cuenta, en el plano de la recolección de datos, del incremento en las visitas únicas sobre la base del factor de gratuidad. De hecho, en nuestra propia Encuesta de Consumo y Tiempo Libre pecamos del mismo error procedimental, sumamos  a las estadísticas a todos los públicos como visitantes únicos sin considerar el hecho de que una misma persona asiste en varias ocasiones a la misma experiencia artística.
  3. Estrategias como la gratuidad pueden ser acciones que incluso nos desconcentren de la búsqueda de otras estrategias o alternativas posibles. Se critica muchas veces a la gratuidad como la solución más evidente para el fomento y desarrollo de públicos. Y si bien tiene su rango de simpleza, tampoco es tan así. La complejidad de manejar actividades o alternativas culturales en el plano de la gratuidad es siempre un desafío. No olvidemos que inclusive existen métricas que demuestran que la gratuidad en ciertos sectores sociales está malamente asociada a la idea de productos de menor calidad. Lo relevante es siempre insistir en que esta es una estrategia que no puede estar aislada de otros componentes, como por ejemplo, la misma oferta programática o curatorial.

En definitiva la gratuidad es un elemento que existe en el plano de la gestión de espacios culturales. El don está en saber cómo y cuando aplicarla, pero por sobre todo, en saber para qué la queremos y qué buscamos como resultado de la misma.

Si te gusta este blog comparte. Suscríbete en la página principal para recibir notificaciones de próximas entradas en tu mail.
Anuncios

Acerca de pamelalopez

Pamela López Rodríguez es Actriz titulada de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Gracias al apoyo de Becas Chile y Beca Fulbright, cursó su Magister en Gestión Cultural (Art Administration) en la Universidad de Columbia, Nueva York. Fue parte del equipo fundador del sitio http://www.soloteatro.cl (2007 – 2009) sitio dedicado a la difusión teatral y ha desarrollado investigaciones en el ámbito del Teatro y la Gestión. Entre 2014 y 2016 fue Directora Ejecutiva del Teatro de la Universidad Católica. Actualmente es docente en la misma universidad y Directora de Programación y Audiencias en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM).
Galería | Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s