EN PALABRAS SIMPLES: 100% DE AFORO PARA CHILE

Es abril del 2022 y por alguna extraña razón Chile, el país pionero en vacunación, resulta ser al mismo tiempo el mas aletargado en la reactivación cultural. Los espectáculos que en la mayor parte de la región gozan de aforos completos acá aún se encuentran relegados al 50% o 70% de sus butacas dependiendo de la localidad y la realidad sanitaria dictada por el plan paso a paso. Pero anoche en el programa Tolerancia Cero de CNN Chile llego al fin una promesa esperada… La actual Ministra de Salud Begoña Yarza cita la fórmula dorada para las artes escénicas comentando que: en un espacio cerrado; con posibilidades de trazabilidad, con uso de mascarillas y con esquema de vacunación completa se da un resultado evidente y que «el riesgo de contagio al estar ahí, no importando la distancia, es muy bajo».

Lo que para muchos en el campo de la cultura es una realidad tácita basada en la práctica de las reaperturas tiene también asidero en estudios internacionales pero sin embargo Chile, se ha resistido hasta hoy ampliar la normativa legal para las salas de espectáculos. Y es que el daño potencial de no contar con los aforos al 100% en las salas de teatro no es meramente un capricho artístico ni tampoco únicamente una merma económica para salas y productoras. Es por sobretodo carencia de acceso laboral para artistas y trabajadoras/es de la cultura.

Limitar las posibilidades de aforo y seguir manteniendo el mensaje implícito de «peligro» en espacios culturales es una brecha en el largo plazo para las políticas de públicos, atrasando aún más lo que serán cifras posiblemente irrecuperables en los próximos años para la participación cultural. Mas allá de lo que los estudios y planes estratégicos prediquen, lo cierto es que en el futuro cercano y como resultado de este corto circuito en el hábito de consumo y participación, también están en juego componentes más profundos como por ejemplo la recaudación y la predisposición de pago de las audiencias. Para ser honestos, todos temas que en nuestro país aún están observándose en este retorno paulatino a la programación y el acceso de consumidores.

Desde la responsabilidad gremial la Red de Salas de Teatro no ha bajado los brazos abriendo estadísticas propias. Ya el año 2021 la agrupación de salas anunció a través de su directorio que existían cerca de $1.473.027.000 en pérdidas de ingresos anuales para sus salas socias (cifra que incluye entre marzo 2020 y mayo 2021). Además de esto, los costos operativos mensuales para las salas de Santiago que se mantuvieron funcionando en modalidades de apertura, cierre y/o programación híbrida sumó alrededor de los $435.000.000 millones promedio anual entre las cerca de 20 salas pertenecientes a esta red.

Las Ministras de Salud y Cultura deben saber que no están solas en esta lucha y que – tal como dijimos- es la evidencia alrededor del globo la que da certezas de experiencias de aperturas en relación a una cultura segura. Acá para que podamos compartir y visualizar, me atrevo a hacer un listado de algunos estudios internacionales que han aparecido con base científica en el último tiempo y que funcionan a modo de benchmark para citar y comprender la escala de nuestra actividad frente a la pandemia:

  • La industria Celluloid Junkie En octubre de 2020 realizó un estudio que destaca que a la data disponible en ese momento no habían registros de brotes de COVID-19 en ninguna parte del mundo rastreables frente a la actividad del cine o teatro.
  • En Francia una investigación publicada en diciembre de 2021 por el Institut Pasteur analizó las circunstancias de contagios COVID19 . La investigación destacó que los espacios culturales eran espacios seguros que no representaban un mayor riesgo.  Una investigación del mismo instituto destacó que los eventos culturales jugaron un rol mínimo en la propagación del virus, con solo el 2,2% de los casos positivos sospechosos (y ninguno comprobado) como originado en un evento cultural.
  • En Alemania existe una investigación publicada en diciembre de 2021 por el Instituto Fraunhofer de Física quienes señalaron que la ventilación regular de salas de cine o teatro eran suficiente para garantizar que el riesgo de infección por COVID-19 fuera mínima en un típico ambiente teatral.
  • En el mismo país una encuesta con el apoyo de una aplicación (Luca) rastreó a las personas infectadas con COVID-19 y basado en más de 181k de advertencias enviadas por usuarios contagiados que usaron la app para informar a sus contactos de una posible transmisión: solo el 1,7% identificó los cines o teatros como puntos potenciales de contagio mientras que (49,1%) lo hicieron con discotecas , (23,2%) bares  y  (10,9%) restaurantes.
  • Una investigación publicada en febrero de 2021 por la Universidad Técnica de Berlín comparó las partículas de aerosol que contenían el virus y evaluaron el riesgo de infección dependiendo del tipo de ubicación en zonas interiores. Los investigadores compararon el número de reproducción, o el llamado valor R, con o sin mascarillas y teniendo en cuenta diferentes límites de ocupación. La conclusión clave de la investigación fue que el valor R era más bajo en espacios culturales (como cines, teatros o museos) que en restaurantes, aulas u oficinas.

  • Un estudio publicado en noviembre de 2020 por el Instituto Fraunhofer Heinrich Hertz investigó la dispersión de aerosoles y CO2 en una sala de conciertos (un entorno comparable a un auditorio de teatro en la mayoría de los aspectos). El estudio, que también analizó la eficacia de cubrirse la cara con mascarilla y la posibilidad de una ocupación del 100% de aforos, concluye que «la transmisión por aerosol se puede descartar virtualmente si se suministra suficiente aire fresco a través de un sistema de ventilación y los visitantes usan protección para la boca y la nariz durante la función».
  • La revista científica Environment International comparó el riesgo de transmisión aérea de COVID-19 en una variedad de diferentes entornos interiores y llegó a la conclusión de que las actividades realizadas en cines y teatros tuvieron una diferencia significativa en términos de transmisión – siendo así los espacios culturales los que representaron un riesgo menor que otras actividades- dado que espectadores permanecen sentados, respirando con normalidad y mirando en la misma dirección sin interactuar. 

¿Qué otra evidencia requerimos? ¿Qué nuevos estudios necesitamos para seguir observando con envidia y estupor cómo la actividad se retoma en otras latitudes menos la nuestra? La premisa es que queremos trabajar, pero por sobre todo queremos reactivar un sector económico que representa fuerza laboral y simbólico para nuestro país.



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